Una fuerte ventisca azotaba los muros de aquellas ruinas. La luz del crepúsculo proyectaba la sombra de una torre inclinada, medio enterrada en las entrañas de la tierra. Las desvencijadas y roídas puertas de madera del edificio se encontraban abiertas, meciéndose escalofriantemente. El sonido del viento lo llenaba todo. Nada pasaba en aquella llanura. Hacia donde se mirara, el horizonte, siempre igual, mostraba una tierra infértil y desierta...
Al caer la noche la oscuridad lo llenó todo. Pocas estrellas brillaban en el cielo esa noche, y la luna era cada vez más lejana. Las ruinas parecían inclinarse ante un cielo inmóvil, pidiendo clemencia, reverenciando a la luna. Aquellas ruinas que eran el reflejo de lo que el cielo no alcanzaba a ver. Pacientemente habían esperado, y pacientemente esperarían sin moverse jamás, condenadas permanecer por siempre en aquel lugar, y a ser el recuerdo del pasado en un mundo sin futuro...
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