Proximos textos:

PROXIMOS TEXTOS por Rafael Nieto C.:
/>BIENVENIDO EXTRANJERO. LOS CAMINOS HOY NO ESTÁN NADA SEGUROS

"Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras."

martes, 19 de abril de 2011

Si tan solo...

Este es un cuento que escribí hace ya algún tiempo, durante mi último año de secundaria. Aunque es bastante corto, a mi siempre me parecía eterno cuando lo leía, y sin embargo nunca lo revisé  ni lo edité después de darlo por terminado. En aquel entonces tenía una enorme influencia de Aura de Carlos Fuentes, que había leído en la escuela. Aunque me habría gustado mantener el texto intacto me fue imposible no editarlo para evitar incomodar a algunas personas, pero me limité a omitir menciones, cambiar nombres,  cambiar algunas frases y sustituir ciertas ideas que en su momento eran imprescindibles pero que ahora quedan obsoletas. Como sea, el texto aquí lo dejo, un recuerdo de mi pasado que fue perdiendo relevancia, pero que hoy que limpio mis cajones salió a la luz y me gustaría compartirlo.
 

A pesar de que llevas más de diez minutos charlando con ella no te puedes concentrar. La música resuena por todo el salón de fiestas confundiendo tus pensamientos con las frases de las canciones. Estás empapado en sudor de tanto bailar y solo logras llegar nuevamente a la conclusión de que ella se ve hermosa en su vestido rosa, con esos bellos caireles negros que adornan su frente.
Ambos se habían alejado del resto de los invitados que bailaban alegremente en el centro de la pista y ahora están sentados en lo que parece ser una sala de espera frente a las escaleras que llevan al exterior del salón de fiestas. El blanco del color del sillón sobre el cual están resalta el color de su vestido. Esa noche se ve diferente a como siempre la habías recordado, pero increíblemente sigue sin perder su encanto.
Ella se levanta de pronto del sillón y camina frente a ti en dirección a la mesa donde ella había dejado su saco y su celular.
-Voy a ver la hora. Van a venir por mí a la una -dice ella excusándose. Tú la detienes antes de que se aleje de ti.
-Yo tengo reloj -le dices para que no se valla.
Ves tu reloj. Es la una y diez. No te agrada la idea de que se valla. Ella ve la hora y dice:
-Ya no tardan en llegar.
Acto seguido se dirige a la ventana junto a la escalera. La sigues. Al llegar a su lado te asomas a la ventana. Afuera es de noche y la oscuridad cubre el cielo. El callejón de abajo se ve pobremente iluminado por el alumbrado público, ya defectuoso. Están en el segundo piso y el techo del salón no es muy alto, lo que explica el calor que hace.
-¿Vienen en carro? -preguntas. Ella voltea a verte y afirma con la cabeza para volver la vista nuevamente a la ventana. Tu buscas en la oscuridad el carro verde que sabes es de su madre, pero te asomas tanto que te das un golpe contra el cristal. Ella ríe.
-!Qué bobo¡ -dice ella riéndose mientras tu te sobas la frente.
Sabes que es el momento perfecto para decirle que la amas, que no puedes estar sin ella, que quieres que estén juntos por siempre. Por fin te animas a decírselo.
-Jane... -balbuceas armándote de valor y buscando las palabras correctas.
-¿Si...?
Volteas a verla y ella voltea hacia ti. Ya no hay vuelta atrás.
-¿Quieres ser mi novia? -las palabras salen de tu boca salen de tu boca sin problemas, como si hubieran estado ahí siempre.
Ella te mira a los ojos. Te sientes débil ante su mirada. De pronto esboza una sonrisa. Temes lo peor y te preparas para un rotundo no. Todo se vuelve borroso durante unos segundos.
-Mmm... Sí -responde ella con una sonrisa en el rostro.
Poco a poco te acercas hasta quedar frente a frente. Tú tomas su mano, suave al contacto.
-Yo... hace tiempo que me gustas – empiezas a decir mientras tus labios lentamente se acercan a los de ella.
-También a mi me gustas... -responde ella.
Sientes como tu corazón se agita y como sus latidos están sincronizados, uno tras otro laten. Cierras los ojos y la abrazas. Tus labios se unen a los de ella con un beso que no deseas que termine. Ambos son uno.

Repentinamente abres los ojos y te encuentras mirando el techo de tu cuarto. Por las ventanas se filtra la luz de los faroles de la calle. Solamente el canto nocturno de los grillos rompe el silencio. Recuerdas.
Una lágrima recorre tu mejilla. Si tan solo le hubieras preguntado: ¿quieres ser mi novia?