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PROXIMOS TEXTOS por Rafael Nieto C.:
/>BIENVENIDO EXTRANJERO. LOS CAMINOS HOY NO ESTÁN NADA SEGUROS

"Eres dueño de tus silencios y esclavo de tus palabras."

miércoles, 23 de mayo de 2012

¡Corre!


¡No, no, no!
¡No te distraigas!
¡No voltees para allá!
¡No recuerdes!
¡No imagines!
¡No lo hagas!
¡Si lo haces te perderás!
¡Corre!
¡Cierra esa maldita puerta de nuevo!
¡Corre!
¡No mires atrás!
¡No mires atrás!
¡No mires atrás!


...
...
...


Ahora estás a salvo.
Nada te puede tocar aquí.
Nadie te encontrará.
Nadie podrá abrir la puerta.
Estás a salvo.
Estás seguro.
Estás en casa.
Ahora cierra los ojos y duerme.
Duerme.
Duerme.
Nadie volverá a interrumpir tu sueño.
No tienes que despertar de nuevo.
Yo te protegeré.
No dejaré que nadie vuelva a abrir la puerta.
Estás a salvo.
Estás a salvo.
Estás a salvo...
Estás a salvo...
A salvo...
A salvo...
....

RNCAST, 2012

martes, 17 de enero de 2012

Me he preguntado.

Me he preguntado si la quiero. Me he preguntado si la quiero porque ella me ha preguntado si la quiero. Me he preguntado si la quiero porque alguien le ha preguntado si la quiero. Me he preguntado si la quiero porque él se preguntó si la quiero. Me he preguntado si la quiero porque la quiero lo suficiente como para preguntarme a mi mismo si la quiero.
Pero entonces, ¿la quiero?
Creo que la quiero. Creo que la quiero y lo creo con firmeza y convicción que sólo una creencia puede tener.
Ahora bien, ¿me creerá?
No importará realmente si me cree o no, porque su creencia en mi creencia no es el fundamento de mi querencia.
Pensar en una respuesta para mi pregunta es un tormento porque la quiero.
La quiero con la fuerza de mi pluma y la blancura del papel.
La quiero con el vapor de mi sangre y el fluir del tiempo.
La quiero con la sobriedad de las noches y la pasión del día.
La quiero con el saber de un libro y el goce de la música.
La quiero con la debilidad de mis brazos y el poder de mi palabra.
La quiero con el susurro del viento y el abrazo del sol.
La quiero con el color azul del cielo pintado y la inmensidad del mar.
La quiero con la tormenta indomable y el rayo que desciende.
La quiero con el fuego de una vela y el brillo de las estrellas.
La quiero con el revolotear de una mariposa y la agilidad del colibrí.
La quiero con el aroma de la flor y la belleza del capullo.
La quiero con una mano en la tierra y la otra en el estanque
La quiero con el aliento de mis sueños y lo efímero de mis días.
La quiero con el humo del día y la nostalgia de la noche.
La quiero con la añoranza de la distancia y la melancolía de su presencia.
La quiero con el arrojo del cariño y la frialdad de mi pasión.
La quiero con lo cursi de mi sentir y la amplitud de mi entendimiento.
La quiero con el miedo de mis horas y la felicidad de compartir las suyas.
La quiero con la memoria enterrada y la espina tormentosa.
La quiero con el pesar de la vida y el dolor de mi existencia.
La quiero con la presurosa cuenta atrás y el inflexible color del destino.
Y díganme ustedes que con detenimiento leen el libro de mi historia,
¿la quiero o no la quiero?

lunes, 2 de enero de 2012

La noche

¡Oh! La noche... la noche...
La hermosa y bella noche que con su efímera oscuridad y su eterno resplandor guía mi camino entre un mar de estrellas. La noche que con crueldad arranca los corazones de los hombres. La noche es impasible, fría y oscura dentro y fuera de su cálido abrigo de viento y voces que susurran una sinfonía eterna en la interminable oscuridad del universo. Entre la luna que con su resplandor de plata baña el seno de la tierra fruto de mil soles, allá se baña la tierra de nubes en una cálida sonrisa.
La noche vive, y aunque no viviera vive porque la piensas, vive porque recuerdas y la escuchas, vive porque es eterna. Pero... ¿Vivirá si alguien no la pensara?
Incluso la duda más pequeña le da vida a la noche y valor a las sombras... pero asunto no es callar. No se trata de callar los lamentos y los placeres que con la noche se ciernen sobre el mundo. No se trata de la desesperación ni de los miedos. No se trata del regocijo ni del éxtasis. No se trata de nada porque...
La noche es la noche y nada más.